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Amadix y Transbiomed como ejemplo de transferencia del SNS

Publicado en “El Mundo” el 6 de Marzo de 2014

El emprendedor ‘inconsciente’: del hospital al mercado

En el Año de la Biotecnología en España van a buscarse los altavoces que hagan falta para escuchar los gritos de los cada vez más médicos emprendedores que se deciden a combinar la bata con el traje o, a veces, incluso, a colgar el estetoscopio después de tener una gran idea que pueden llevar al mercado con mucho esfuerzo y con algunas piedras en el camino. Una de las primeras jornadas que ha tratado el auge del hospital emprendedor, como se denomina en el sector a las iniciativas empresariales que salen de doctores de los centros de salud españoles, ha sido la VII Conferencia Anual de las Plataformas Tecnológicas de Investigación Biomédica que ha tenido lugar en Barcelona.

Con la palabra «colaboración» en boca de todos los ponentes de la conferencia sobre transferencia tecnológica desde el sistema nacional de salud, médicos e investigadores reconvertidos a empresarios explicaron sus experiencias emprendedoras, todas ellas exitosas pero no exentes de muchos palos en las ruedas. Si emprender nunca ha sido fácil, hacerlo en un sector con tanto riesgo como el biotecnológico todavía complica algo más el panorama para los que finalmente se deciden a intentarlo.

Los valientes fueron llamados ayer, cariñosamente, «inconscientes», como se autodenominó Simó Schwartz, de Argon Pharma, empresa ubicada en el Parc Científic de Barcelona y formada por investigadores del Hospital Sant Pau y la Universitat de Barcelona dedicada al desarrollo de fármacos antitumorales y de polímeros terapéuticos biodegradables con aplicaciones en la liberación de fármacos. Schwartz, dijo el adjunto a la presidencia de ASEBIO, Jorge Barrero, «es el mejor ejemplo» de lo que ayer se trataba de explicar en la sala: existen facultativos e investigadores que logran llevar sus ideas de negocio al mercado. Aunque, como explicó Schwartz, «no ha sido fácil».

Afortunadamente, el impulsor de Argon Pharma ha visto cambiar, desde que licenció una patente en 2004 o incluso desde que fundó la compañía en 2008 , el marco administrativo, que sigue sin ponerlo del todo fácil. «Entonces no se sabía ni cómo hacer la transferencia», reconoció Schwartz, cuya empresa ha conseguido captar más de 1,6 millones de euros de fondos públicos para finalizar los ensayos preclínicos regulatorios de su fármaco Oncostane y 1,5 millones de financiación europea para Wispatdrug.

Por su parte, Rocío Arroyo presentó un caso curioso de fusión entre dos spin off: Amadix y Transbiomed se unieron ahora hace un año para combinar fuerzas en la lucha contra el cáncer y buscar tratamientos a partir de biomarcadores. «Tiene sentido crecer con adquisiciones ya que es difícil llegar a un tamaño mayor de empresa sin este tipo de operaciones», confesó Arroyo, quien destacó la falta de agilidad en los procedimientos como dificultad principal para los emprendedores biotecnológicos. «Sólo la persistencia lleva a crearspin off o licenciar», zanjó.

Otra de las ponentes, Lourdes Camp, de Ventura Medical Technologies, apuntó al tiempo como factor determinante para montar las empresas. Para empezar, en un hospital «hay rutinas muy marcadas», según Camp, quien dijo que el tiempo «es un concepto diferente en una empresa pública y una privada».

No podía faltar tampoco la reflexión sobre la captación de capital. En esta cuestión, el CEO de Argon Pharma apuntó que el apoyo público existe pero «nunca dan todo lo que necesitas ni nunca es pronto pago», algo que provoca un estrés de caja que en una empresa pequeña durante sus dos primeros años de vida «hacen que se ponga en riesgo la continuidad del proyecto».

 

Fallar rápido y barato

El retorno de las empresas biotecnológicas puede alcanzar el 40% pero el riesgo es innegable, algo que reconocen los propios emprendedores. «La clave es fallar rápido y barato», apuntó Marisol Quintero de Bioncotech, apoyada por su compañera de mesa redonda Rocío Arroyo, de Amadix, quien afirmó que el sector debe, además, evitar «compañías monoproducto» para minimizar el riesgo. «No es fácil anticipar el fracaso de un ensayo clínico», continuó Arroyo, «pero precisamente por eso nos diversificamos y tratamos de tener un plan B ó C». Asimismo, Montserrat Vendrell de Biocat también apuntó a la unión como método antifracaso. En sus palabras, «la red y el conocimiento que tenemos pueden evitar errores».